Nadando entre tiburones

Ayer di a conocer mi esperada lista de subsecretarios. Hoy, temprano, hice lo mismo con mis cuatro edecanes, todos regios y gallardos. Y ahora mi vocero acaba de entregar la lista de nuevos intendentes. No he asumido y ya empiezo a agobiarme. ¿Se imaginan que el 11 de marzo tire una licencia por estrés? Es broma.
Para colmo, abro los diarios de hoy y me encuentro con que algunos interpretan que con los nuevos nombramientos cedí "a las presiones de los partidos".
¿Cuándo he dicho yo que gobernaré sin escuchar a mi coalición? ¿Cuándo he dicho yo que mi administración será impermeable a consideraciones políticas?
Recapitulemos. Quien les habla ha sido toda su vida una militante disciplinada, de esas que pelan el ajo. Por lo mismo, valoro como pocos el papel de los partidos. Segundo: de no ser por el vapuleado cuoteo, quien escribe no estaría a punto de ser gobernante. Si Lagos me nombró en Salud fue porque mi partido me propuso. El hombre casi no me conocía.
Entonces, chiquillos y chiquillas, que nadie los confunda. Por más que algunos quieran reducirme a una sonrisa y un eslógan, sé muy bien como funciona la política. Y una vieja regla de esta actividad dice que para infundir respeto debes partir con señales drásticas. Vean al PPD. Bien machacado quedó con mis primeras designaciones. Sólo ahora les tiro un dulce de consuelo, nombrando a Barrueto intendente metropolitano. ¿Qué no están conformes todavía? ¡Las pinzas! A esos revoltosos, a los Girardi, a los Aguiló, los tengo entre ceja y ceja.
¿Traiciono mi estilo femenino y convocante al operar de esa forma? Todo lo contrario. Lo resguardo, lo blindo de amenazas. Bien sé que en esta aventura estoy nadando sola. No en el Caburgua, sino que en aguas repletas de tiburones mañosos. Entonces, debo operar en consecuencia. "Tiburón que no salpica no es tiburón", dice un viejo adagio de la política mexicana. Harto saben de eso los chapulines.




